El insilio es un estado psicológico de enajenación, un destierro voluntario al interior de sí mismo, quizás, es una especie de refugio, de protección. Negarse a ver hacia afuera, es una buena forma de resguardarse porque es una separación emocional y espiritual. El inxilio en cambio, es impuesto. Un inxiliado no puede salir de su territorio porque el poder no se lo permite. Un inxiliado, tiene prohibido salir de su casa porque no tiene efectivo, y si lo tuviera, tampoco, porque no hay transporte. Poseer vehículo, no garantiza la movilización si no se tiene el carnet de la exclusión para adquirir gasolina. El inxiliado, sencillamente no es un ciudadano, a menos que sea a la fuerza, o se resigne por hambre y es en este punto, cuando entra en el insilio, porque puede permanecer horas enteras en la calle, pero igual, no sentirse parte de ese mundo.


•“el poder atraviesa el cuerpo para someter al individuo”. En un Estado represivo se tiene por norma la economía política del cuerpo, lo que se traduce en estrategias de castigo a las sensaciones a través de la represión, la censura, el miedo y la deslegitimación como sujetos de derecho. Esta realidad socava el cuerpo y el alma de cada hombre y mujer que a diario se sienten sometidos a la permanente vigilancia, despojo y castigo en todas las dimensiones: en lo social, en lo económico, en lo ético, en lo intelectual, en lo artístico y en lo espiritual. Sobre esta realidad, Foucault estudia los métodos punitivos de quienes ejercen el poder y someten a los ciudadanos cuyos cuerpos van perdiendo voluntad y son desalojados del territorio público en un proceso intenso y extenso de la normalización del control (Foucault, 1984:36).


•Podemos decir que cuando el lenguaje queda reducido a un tortuoso amasijo de signos vacíos y a una parafernalia lingüística alienante, el individuo apenas puede reconocer su propia voz. En este punto, pues, en que el lenguaje institucional llega a anular la identidad personal lo que cabría llamar la hipotrofia ideológica, que se evidencia principalmente en su funcionamiento fraudulento bajo los regímenes totalitarios. La simple aparición de la palabra de raíz poética denuncia el perverso funcionamiento del lenguaje como usurpación (1968).


Se entiende que los lugares públicos o el territorio público son los espacios naturales para la interacción e integración de los ciudadanos con su ciudad. Estos espacios son centros urbanos de construcción social, cultural, económica y en consecuencia de identidad social. 

Cuando se habla de desterritorialización acudimos a la transgresión progresiva del imaginario social. El proceso de borrado del significado de las calles, plazas, centros culturales, entre otros, rompe con la relación de historia y pertenencia del individuo con su territorio. Lo desplaza desheredándolo de lo que por derecho le pertenece y corre el riesgo inminente de una desculturización. De tal manera que, el cuerpo ha sido convertido en objeto de sometimiento y subyugación al poder. La ciudadanía ha asumido una posición de sumisión ante la mecánica impuesta por un Estado que tortura y ejerce la pena de muerte de manera extrajudicial en las calles y en las prisiones que han sido construidas para tal fin. La constante demostración de terrorismo contra los ciudadanos ha generado la desterritorialización de los cuerpos dentro de los espacios públicos. 


El "panoptismo“ es una práctica de constante observación a los individuos en los espacios físicos. Aquí se tendría que hablar también del panoptismo simbólico.

Según Foucault, el panóptico físico o simbólico está al servicio de la sociedad disciplinaria; en el caso de Venezuela, del Régimen político que necesita mantener a los ciudadanos despojados de sus libertades individuales y enfrentados a los micropoderes (colectivos paramilitares). 


Para los escritores, en este caso Cadenas, Ramírez y Requena, deconstruir y reconstruir la ciudad en el imaginario poético como ejercicio de recuperar el territorio, no se trata sólo de un rasgo autobiográfico sino también de pensar y sentir el espacio. El acto de recordar y reconstruir tiene un objetivo epistemológico, ya que, como afirmó Benjamin: “en el recuerdo aprendemos la nostalgia como principio de conocimiento”. Los poetas encontraron en la semántica poética una forma de expresividad estética para la recuperación de la espacialidad humana como salvación de la identidad y el concepto filosófico de territorio frente a la demolición que protagoniza la dictadura.


POEMAS DE CRISTINA PERI ROSSI




Ninguna palabra nunca
ningún discurso
—ni Freud, ni Martí —
sirvió para detener la mano
la máquina
del torturador.
Pero cuando una palabra escrita
en el margen en la página en la pared
sirve para aliviar el dolor de un torturado,
la literatura tiene sentido.





Los exiliados


Persiguen por las calles
sombras antiguas
retratos de muertos
voces balbuceadas
hasta que alguien les dice
que las sombras
los pasos las voces
son un truco del inconsciente
Entonces dudan
miran con incertidumbre
y de pronto
echan a correr
detrás de un rostro
que les recuerda otro antiguo.
No es diferente
el origen de los fantasmas




Los exiliados II

Hablamos lenguas que no son las nuestras
andamos sin pasaporte ni documento de identidad
escribimos cartas desesperadas
que no enviamos
somos intrusos numerosos desgraciados
sobrevivientes
supervivientes
y a veces eso
nos hace sentir culpables.





Cabina telefónica 1975

El exilio es tener un franco en el bolsillo
y que el teléfono se trague la moneda
y no la suelte
-ni moneda, ni llamada-
en el exacto momento en que nos damos cuenta
de que la cabina no funciona.



Extrañan
el ritmo de las ciudades
el cielo opaco lleno de humo
el canto de los pájaros
extrañan el paso de las horas
el calor y el frío
a veces dicen una palabra por otra
y se asustan
cuando descubren que olvidaron
el nombre de una calle.
Se exilian de todas las ciudades
de todos los países
y aman las imágenes de los barcos.



…Tiemblo antes de hacer una maleta
-cuánto pesa lo imprescindible-
A veces preferiría marcharme
El espacio me angustia como a los gatos
Partir
es siempre partirse en dos.





Lo imprescindible

Uno aprende que lo imprescindible
no eran los libros
no eran los discos
no eran los gatos
no eran los paraísos en flor
derramándose en las aceras
ni siquiera la luna grande -blanca-
en las ventanas
no era el mar arribando
su rumia rompedora en el malecón
ni los amigos que ya no se ven
ni las calles de la infancia
ni aquel bar donde hacíamos el amor con la mirada.

Lo imprescindible era otra cosa.






Elogio de la lengua


Me vendió un cartón de bingo
y me preguntó de dónde era.
“De Uruguay”, le dije.
“Habla el español más dulce del mundo”,
me contestó mientras se iba
blandiendo los cartones
como abalorios de la suerte.
A mí, esa noche,
ya no me importó perder o ganar.
Me di cuenta de que estaba enganchada a una lengua
como a una madre,
y que el salón de bingo
era el útero materno.

Comentarios

Entradas populares