RÓMULO BUSTOS






Sin duda alguna,  Rómulo Bustos Aguirre (Santa Catalina de Alejandría, Bolívar, 1954) se ha convertido en una de las voces más sólidas y originales de la poesía colombiana. Un hálito asombroso rodea cada uno de sus poemas que van desde la profundidad de lo simple y lo extraordinario de las cosas cotidianas, sumado a la exaltación de la infancia, hasta una reflexión filosófica de corte existencial.
Presentamos para la revista La Raíz Invertida una muestra de algunos de sus libros, con la invitación a acercarse a una de las obras más consolidadas de las últimas décadas.

GANADOR DEL PREMIO NACIONAL DE POESÍA 2019 DEL MINISTERIO DE CULTURA.

En 1993 le es concedido el Premio Nacional de Poesía del Instituto Nacional de Cultura (en la actualidad Ministerio de Cultura). Realizó estudios de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de CartagenaLiteratura hispanoamericana en el Instituto Caro y Cuervo y estudios doctorales en Ciencias de las religiones en la Universidad complutense de Madrid.
Este poeta se considera un autor de escritura lenta,1​ su poesía se inspira en el paisaje y los motivos de su tierra natal, utiliza un lenguaje exquisitamente depurado y rico en imágenes y sugerencias metafísicas, existenciales y eróticas. A partir de su cuarto poemario, "La estación de la sed", se observa la aparición y progresiva acentuación de elementos conversacionales, lúdicos y humorísticos.
De su obra ha dicho el poeta y crítico Juan Manuel Roca: "De la poesía reciente que se escribe en Colombia la suya es la que más, creo, tiene un gobierno de lo onírico y de lo cotidiano, en un entrevero de religiosidad y paganismo, como si la primera instancia, la soñada, fuera de la misma materia de los rituales solemnes, y la segunda, la cotidiana , le abriera fisuras a las ceremonias desde el paganismo del día. // Teniendo tratos con lo fantástico, Bustos siempre encuentra el asidero en lo que con pompa llamamos "la realidad". No es la fantasía como fuga, sino como ampliación de un mundo bullicioso y contradictorio, sereno y pugnaz a un mismo tiempo.// Gracias a la seducción de un lenguaje de alta precisión, en un juego en el que no sabemos si la flecha da en el blanco o el blanco da en la flecha, como dicen que lo logran algunos arqueros orientales, sus poemas atrapan nuestros sentidos, al mismo tiempo que lo hacen la inteligencia del cerebro y la inteligencia del corazón".2
Darío Jaramillo Agudelo apunta a la médula de su poética cuando afirma: "(...) el eterno, inacabado y misterioso tema central de la poesía de Rómulo Bustos es la trascendencia, el otro lado, su inasibilidad, sus reflejos en nuestra precaria realidad material, los significados que adquiere esa realidad en apariencia unívoca cuando se contrasta con las conjeturas que religiones, visionarios, hombres ordinarios y el propio poeta hacen de los trasmundos. Expresado en los términos que ahora invento, podría aventurarse que la persistente presencia de seres alados, pájaros y ángeles y la importancia que, como una constante, esta poesía atribuye al vuelo, alude a la conexión entre el mundo material y los otros mundos.// A este respecto, la noción de centro se convierte en imagen receptora de universos donde imperan extrañas simetrías (...) No, no se trata solo de un problema de simetrías, de medidas exactas, en fin, de teoremas. La noción del centro es todavía más inextricable (...).El poeta lo plantea una y otra vez, y trata entonces de situarse en un punto donde todo se vea como no había sido contado antes.3​"
Sobre su poemario Sacrificiales reseña así, el Colectivo de crítica poética en España, Addison de Witt: "Extraordinario (...)es el nuevo poemario del colombiano Rómulo Bustos. De una agudeza lírica enorme, el poeta canta a lo pequeño. Con la mirada de niño, de buen poeta, mira a la naturaleza y lo cotidiano y nos saca de donde nos ha metido en un solo verso, lo diario mezclado con veces un humor salvífico, a veces una religión de nuevo propia convertida en poesía, la poesía a su vez como sacramento. En ocasiones, el poema se acerca en exceso a lo narrativo y pierde cierta tensión lírica que se recupera casi de inmediato. Una pequeña joya." (ver enlace a Colectivo Addisson de Witt).
Por su parte Jamés Alstrum describe su poesía en los siguientes términos: "...indagación constante del valor del vocablo mismo expresado a veces en un tono sardónico pero refinado junto con autoburla de la voz lírica que hace recordar en parte los versos de Luis Carlos López. Se ostenta en su lenguaje aparentemente escueto un juego cromático y a veces, sinestésico de enorme profundidad polisémica. Así, su oración posee un doble sentido de carácter sagrado como si fuera rezo por un lado, y por el otro, es algo profano como la sentencia sometida a repetidos juegos sintácticos y semánticos con un tono que oscila entre ternura (al evocar los juegos y cuentos infantiles) e irreverencia burlona cuando por ejemplo, equipara «el ojo de Dios» con el de la mosca. Semejante impureza de tono y lenguaje en gran parte de la lírica de Bustos le da un encanto especial y único dentro del variado panorama actual de la poesía colombiana." (ver enlace a revista virtual Cronopio)
La obra reunida de Bustos Aguirre fue publicada en 1996 por la Universidad Internacional de Andalucía con el título "Palabra que Golpea un color imaginario", y en 2004 por la Universidad Nacional de Colombia con el título: "Oración del impuro". En 2010 aparece una segunda edición de esta última por el Ministerio de Cultura de Colombia, con el título Obra poética, tomo XVI de la Biblioteca de Literatura Afrocolombiana. En 2013 la Universidad de Cartagena recoge su obra bajo el título "La pupila incesante: Obra poética [1988-2013]". En 2016 el Fondo de Cultura Económica publica una segunda edición de esta última en su colección Poesía.
Bustos se desempeña en la actualidad como profesor de literatura en la Universidad de Cartagena.





 
De El oscuro sello de Dios (1988)

 
COSTUMBRE DE RÍO

Morir ahogado no es solo costumbre de río
El polvo al polvo. El polvo al agua
Quizás en otro barro amasado

 
EL CORAZÓN ES UN CUENCO SEDIENTO Y EXTRAÑO

El corazón es un cuenco sediento y extraño
Toda el agua del cielo cabe en él
                                              sin derramarse
Nunca se colmaría aunque lloviera
                                                     todo el cielo
Aunque todo el cielo se derramara
                                       como una cosecha de llanto

 
MONÓLOGO DEL VERDUGO            

Cuando el rey baja la mano
debo entender que hay que aniquilar a la víctima
Si la deja a media asta
se trata entonces de una mutilación simple
Si un poco más abajo de una mutilación doble
Ignoro si alguna vez ha levantado la mano
                                                                     absolutorio
Diarias son las inmolaciones. Los días
no son menos violentos que las noches
¿Llegará un descanso para mi fatigado brazo?
En verdad no soy mejor ni peor
                                        que el resto de los mortales


 
De Lunación del amor ( 1990)

 
HABITAS INMOVIL 

todos los puntos de la Rosa
Así
como un ángel de Swedenborg
siempre estoy mirando el rostro de Dios


 
De En el traspatio del cielo (1993)

 
ÁRBOL CAMAJORÚ

I
En lo hondo del traspatio
más allá del mango, de los durmientes ciruelos
está el árbol solo, el solitario camajorú
rodeado de sed, hechizado en el tajo de luz
en que una vez se le abrió el cielo
Todos lo miramos de lejos
Pero sus ramas ya no podemos verlas. Sus ramas
                                                                       son invisibles
Sus ramas volaron a lo alto. Sus ramas quedaron
                                                            prendidas en lo alto
Y son ahora el techo del mundo

II
Bajo las raíces del árbol camajorú
                                                    hay otro árbol
El camajorú de la tierra y el camajorú del cielo
Al camajorú de la tierra se asciende bajando
como en la escalera de un sueño
Y echa un fruto redondo como preñez de luna
Del camajorú del cielo poco sabemos
Dicen que si uno come su fruto puede quedar ciego
Los ángeles de él se alimentan
a Pedro Badrán

 
II. CRÓNICA DE LA MADRE

Dios creó las seis de la mañana para que la madre
                                                                              despierte
Y nosotros podamos recoger los mangos
                                                          caídos durante la noche
Cuando el aire es todavía un secreto
                                       dicho en voz muy baja por la sombra
Ramiro encuentra los más grandes y los muestra
Pequeños trofeos recogidos en la más dulce guerra
                                                                         entre los hermanos
La madre atiza el día y suelta los olores
Sobre las cuatro patas de la mesa como un animal manso
las hojas del bijao abren su fruta humeante
Desayuna el mundo
a Enrique Sánchez

 
V. CRÓNICA DEL MEDIODÍA

La luz se empoza en los techos de zinc
Un pájaro canta
Y su voz es un hilo tendido entre el pico
y el color amarillo que ha hecho nido
                                                    en lo alto
Sería dichosa la madre
si sobre él pudiera tender la ropa recién lavada
Cuando el pájaro acabe de cantar
podría venirse abajo el cielo



EL CORAZÓN ES UN CUENCO SEDIENTO Y EXTRAÑO
 
El corazón es un cuenco sediento y extraño
Toda el agua del cielo cabe en él
                                              sin derramarse
Nunca se colmaría aunque lloviera
                                                     todo el cielo
Aunque todo el cielo se derramara
                                       como una cosecha de llanto



Hay alguien que yo sé morándome

A J. Arleis
Hay alguien que yo sé morándome
Arrastra sus alas de ángel sonámbulo
como quien busca una puerta
                                      entre largos corredores
Triste de sí
Pulsando inútil las cuerdas más dulces
                                              de mi alma
Quizás me existiera desde siempre
¿De qué ancho cielo habrá venido
                         este huésped que no conozco?

Poema de las pertenencias

A la hermana pertenecía el lado izquierdo
                                                      de la casa
Y las piedras pulidas que parecen soles
También eran suyos el color amarillo
Y la palabra alamud pronunciada suavemente,
los botones en forma de pequeños emperadores,
el santo y seña para entrar y salir de los espejos
(una vez quedó aprisionada en el espejo de la sala
y debió revelarme su secreto)
Eran míos
el fulgor de las nubes que anuncian la lluvia,
el juego de la peregrina, el palo yaya, las telas
crujientes como las alas de las grandes moscas,
la mitad de la palabra para abrir el día...
La otra mitad era de la hermana
Subíamos a la ventana bajo los trompeteros
y repetíamos: sayanasayana
y la luz se asomaba como doblando una esquina
                                                                    del mundo
A veces no despertábamos y desde el sueño
                                                         soñábamos sayana
Era entonces más brillante el cielo
Nunca nos preguntamos
a quién pertenecían los dados cargados
                                                      del tiempo

 

Poiesis

Cada mañana
con las calladas maneras de la ostra
reconstruyes con esmero
                                    tu pequeño dios

a la medida de tu ignorancia
a la perfecta altura de tu abismo

Ínfima o deforme, te dices
una perla bien puede merecer el esfuerzo

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