POESÍA Y CIUDAD


La imagen puede contener: cielo y exterior


Tomando como punto de partida esta imposibilidad de volver equivalentes la ciudad textual y la ciudad física, podremos, no obstante, confiar en la poesía como un registro peculiar (semántico, rítmico, múltiple y parcial) de una imagen de la ciudad en un momento determinado. Pero ningún poema puede tener la última palabra, ningún poema podrá tener la razón. Es la poesía en su conjunto, en su trayecto y en su evolución, la que puede permitirnos dilucidar sentidos y recomponer una suma de imágenes de la ciudad.




“Habrá ciudades grandes como un país/ Gigantescas ciudades del porvenir.” Huidobro



•“estado urbano de la mente”


•el desorden, la aparición simultánea de distintas visiones de la ciudad en los poemas, la confrontación de modos contradictorios de percepción de una misma ciudad, lo que nos puede permitir construir otra lectura
•Para nombrarla, el poeta tiene que darle forma a lo que va perdiendo su forma, y elegir qué ciudad (de todas las ciudades que habitan nuestra ciudad) es su ciudad, en el espacio del poema


•La poesía se define, entonces, menos por la elección de determinados objetos que por la complejidad de la mirada poética que se « posa » sobre ellos.




« La ciudad te seguirá donde quiera que vayas » kavafis




•La ciudad como tema toca a toda la poesía moderna, aunque nunca alcanza una autonomía determinada: implica el problema de la representación, esfuerzo del que el poeta puede desentenderse. Al mismo tiempo es muy difícil, sino imposible, pensar la obra de determinados poetas sin las ciudades que, de manera explícita o secreta, celebran o niegan. Sin esas ciudades, reales o imaginarias, como Troya, Roma, París, Alejandría, Buenos Aires o Gualeguay, no se puede concebir la poesía de Virgilio, Baudelaire, Kavafis, Borges o Juan L. Ortiz.


•Tráfagos, fuerzas urbanas,
trajín de hierro y fragores,
veloz, acerado hipogrifo,
rosales eléctricos, flores
miliunanochescas, pompas
babilónicas, timbres, trompas,
paso de ruedas y yuntas,
voz de domésticos pianos
hondos rumores humanos,
clamor de voces conjuntas,
pregón, llamada, todo vibra,
pulsación de una tensa fibra,
sensación de un foco vital,
como el latir del corazón
o como la respiración 
del pecho de la capital 
•R. Darío, « Canto a la Argentina »




tres unidades clásicas de la representación (lugar, tiempo y acción)


•El poeta clásico veía en el paisaje una alegoría de un sistema divino ; el romántico encontraba en las cosas una imagen invertida del yo ; el poeta camarógrafo simplemente ve. Es un flâneur, no es un mirón : no busca hallazgos literarios, no le interesa la elevación o la profundidad como efecto de una lengua poética a priori ni como acotación de un campo de lirismo concentrado ; sólo levanta un acta de lo que su mirada registra. El poema no le sucede al poeta, le sucede al paisaje.


•Si hay imágenes, ¿por qué hay memoria?
¿Quién levantó para el sol 
una carpa en el mar ?
La boca de la chica
que yace en el matorral, que yace 
en el lecho de la zanja
dormida, y es picada
por las moscas, mordida
en los pies por ratas del agua 
yo la vi, vi la boca, los pies
y no pensé, di vuelta la hoja,
no pensé y volví atrás, cerré los ojos 
ante el viento sin vida que pasaba 
por encima de la zanja
barriendo el matorral.


D. García Helder, el guadal, Buenos Aires









•Para el que vive lejos de donde transcurrió su infancia, los lugares han perdido naturaleza, parecen todos inventados ; los nuevos, porque son fruto de una acción, llámesela viaje o emigración o exilio, los viejos porque el comercio regular con ellos ha quedado interrumpido, confiado a la memoria 
•La ciudad resulta ser una de las tantas estructuras modeladoras del hombre, ya que el habitar es el rasgo fundamental de la condición humana. Heidegger 
• 
•El poeta "flaneur" de los inicios de la modernidad se ha vestido de ropajes críticos o cómplices, pero su travesía ya no es la del mero observador sino la del protagonista, de un sujeto urbano densamente entrelazado en el imaginario de la ciudad actual


•Nuestra mirada está condicionada por la experiencia. 
•Monet propone “liberar” nuestra percepción. Mirar un árbol sin tener en claro cómo debe ser un árbol. Es más: sin saber qué es, sin saber siquiera su nombre. Pintar lo que uno realmente ve, no lo que cree que ve. 
•Captar el instante eliminando la acción de nuestro intelecto. 
•La percepción No de las cosas sino de cómo vemos las cosas. 
•Si para ver un objeto hacemos a un lado al intelecto, a la experiencia que tenemos de él, a su “nombre”, no sólo lo veremos con asombro, como si fuera la primera vez, sino que lo disfrutaremos de mil maneras distintas. 



•La ciudad no está hecha sólo de materiales, sino de comportamientos, sentimientos, historias, y en especial de palabras que la poesía cristaliza emblemáticamente. Referencial y ficticia, verosímil e imaginaria




Aquí 


Mis pasos en esta calle
resuenan
en otra calle
donde
oigo mis pasos
pasar en esta calle
donde
sólo es real la niebla. 


Octavio Paz

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