La vieja ciudad Calvario.

Al finalizar la guerra,
Reposé mi respirar fatigado
sobre las raíces de un tubérculo sembrado en mi pecho.
La muerte salió de las cunas abandonadas.

Recuerdo la primera batalla, duró 400 años,
al terminar, un pedazo de bruma reemplazó mi sombra,
me sentí temerosa,
cerré las puertas a los nuevos siglos,
que golpearon la ventana del techo,
rompieron mi vientre.

Convirtieron a mis hijos
A la religión del hambre,
Purificaron con fuego sus moradas,
como ofrenda a un Dios huérfano.
Se apropiaron de sus huellas,
Olvidaron el camino a casa.


En este cementerio de profetas,
desangrada entre volutas
olvido dónde dejé mis escombros.
La muerte ya me habita,
entre el polvo aun respiro,
un ángel me recorre.



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