La Estación - Juan Manuel Sierra Uribe

La Estación


No hay pasajeros
Transcurren las horas y las valijas viajan ausentes
Con el bramido de su corneta el tren anuncia la partida
Es la exhalación de la bestia que se resiste a morir en mi memoria
El silencio de una lágrima  sella la despedida de los amantes
Un pañuelo en la escarcela seca la amargura de su partida
y una flor se marchita en el florero del desconsuelo
Revolotea la alegría de los niños, sus gritos llenan el recinto de vida
El mural de Tejada los anima a imaginar el viaje que no empieza aún, mientras el tren muere en la desidia de los corruptos
La algarabía acompaña a jóvenes damiselas prestas a iniciar su viaje de graduación y perturba el silencio a un piquete de soldados que en perfecta formación irrumpen sobriamente en la estación
Con la suela de sus botas marcan el marcial compás: Izquier, dos, tres. Izquier, dos, tres - La guerra los espera -
Sus mochilas van cargadas de temor y sus fusiles con metralla de valor
Pero de nuevo el bramido de la bestia anuncia su partida
De sus oxidadas entrañas a borbotones sangra el vapor que es su vida
Se congela en los rieles, sus ruedas no arrancan, su corazón se frena
Entonces, los amantes dejan su amargura colgada en el perchero a la salida del salón
La alegría de los niños ahora pende del reloj de oro que adorna la muñeca de algún burócrata
La algarabía de las damiselas yergue herida en las bayonetas de los fusiles
Las mochilas de los soldados vaciaron su temor, los fusiles se silenciaron y hoy tratan de florecer abonados por la metralla del amor
El tren nunca más partió
La estación murió.

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