La ciudad
Peces fantasma
Alrededor del río
sentado el hombre
sobre la piedra
sujeta la caña de pescar
alista la última carnada que le queda
(la misma que ha traído desde el lunes
y que sigue trayendo dos años después)
en medio del silencio
pareciera elevar una plegaria
antes de lanzar su trampa
su bocado de hambre
El hombre tensa la cuerda
aprieta el mango con las manos manchadas de fe
y espera
espera a que las rocas secas
expongan su alma verde
y le entreguen un pescadito
pintado de nube
con sabor a fresa
Aún si no es hoy
él vendrá mañana
Por San Fernando
I
… Los extraviados dan vueltas
se prolongan en la calle infinita
rodean al tiempo con afán
—no lo alcanzan—
intentan hallarse
en la firmeza de apretar sus manos
pero la ciudad les llueve encima
cada estrella marca tic tac
ellos no lo saben
y por eso siempre llegan tarde
a ninguna parte.
II
La que va mirándote
por la calle infinita
esa que soy yo
y decide perderse
aún cuando debe saltar
los pedazos de cielo
recostados en la acera
solo porque caminas sin ver
al amor tiritante
escondido entre cada casa
—y no piensas en curar su hambre
como tampoco piensas ofrendarle tu pecho—
parece que otra ciudad
te circundara
y que San Fernando
solo fuera una calle larga
donde se ama sinceramente
antes de encontrar el camino correcto.

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