Cementerio

En un cementerio de casas,
En lo que fue el patio de una anciana casa
yacían en la tierra,
 unos ancianos huesos.
Cuando estaba vivo
Y jugaban con él los niños,
se mecían de su barba.

Por cada niño que moría perdía un pelo.
Unos se evaporaron peleando con el frío,
A otros se les escapó el hambre por el ombligo
Al final, no hubo nadie más meciéndose.
No había más niños.

Desconsolado, habitó nuevamente su infancia.
Visitó las casas de sus amigos,
Y a cada zancudo le regaló un fragmento de luto.
Ya no hay niños que picar les decía.
Lo confortaban explicándole,
quizás la muerte se siente sola.

Con un último pelo en el mentón,
unos ancianos huesos,
esperan en el patio de su anciana casa
que la muerte sea un niño con ganas de jugar.

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