Arquetipo. Jhon Raigoza
Orfeo con su lira cantó los versos que vencieron
al Hades; aun así, su poesía no fue suficiente para devolver a la bella
Eurídice. Desde entonces el amor tiene la sombra de la muerte y ésta misma se
viste con su recuerdo. Pero el poeta con sus letras purifica las llamas del
Gehena, aunque un simple adiós, le arde bajo la piel como si el infierno se
instalara en sus huesos. Sólo le quedan las palabras que se adhieren a las
cosas ¡Pero las cosas ya existían antes de las palabras! Y no queda más que
este arte de sentir, e ir de un lado a otro en la noche como animal
melancólico, balbuceando lo indecible, aferrándose a unas cuantas frases que no
sirven para traer su cuerpo de ninfa; mientras tanto, sólo nos dejaron el vino
y estos versos, para escuchar aquella voz que invoca: Eurídice, Eurídice…

He releído tu poema y creo que fui ligero en mi apreciación, aunque creo que si son reiterados tus versos filosófico existenciales en torno a la poesía y al oficio, en este son pertinentes al poema pues la reflexión tiene como fuente y referente el mito de Orfeo.
ResponderEliminarVa mi abrazo