Segundo ejercicio - Carlos Realpe
La culpa del silencio
La plegaria del grillo está intacta
advirtió el desfase de la muerte
sin lograr conmover las manos vírgenes
del inocente, verdugo infante.
Arrulla a la luna sin consuelo
en noches, cuando la vida es una
y las culpas invaden la recepción.
El perdón no encuentra destino
la suerte nunca regresó
la dejé sin andar, a rastras del niño Dios
muriendo a los pies del hombre pecador
Las deudas no las saldan los relojes
por muy adelantados que estén.
Desempolvo la camándula
invoco el silencio y rezo
pero los ave maría no bastan.
Que fatal y que sufriente el silencio del prado
cuando la expiación sigue siendo mi propia deuda.

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