SIN MEMORIA NO HAY REVOLUCIÓN
Mi tierra fue de los muiscas,
su último suspiro nació de esta tierra,
que respiró el ultraje,
la desazón,
el almibar y la sazón.
No hubo respiro,
siempre hubo sangre,
lamentos y noches sin luna.
Nunca hubo fruto sin mancha de violencia,
pero por poco hubo perdón y liberación.
Entonces llegaron los de siempre,
a sembrar amapolas asesinas,
a disparar desorden,
y destinar como siempre, energía al dolor.
Nunca hubo recuerdo en mi limpio de miedo,
distinto al de la sangre,
el flautista y las ratas
en su emboscada.
Pero nadie se mueve,
todos reciben la bofetada de sus colas,
y el fango se los traga,
los deja desnudos,
pero nadie se mueve.
Todo porque nadie habló en clase sobre la memoria,
todos olvidaron como usar la boca para gritar,
nadie recuerda ya, cómo parir una revolución.
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